JALAPA, CÓMO NO AMARTE

Escrito por Mariano Portillo
Hay resistencia a salir y cuando se está afuera, se quiere volver; podría decirse que es por apego, al relacionarlo con la seguridad; pero es más que eso, es lealtad y respeto a esta tierra bendita, por lo que solo puede ser por amor.
Como no apreciar los piropos, que más parece estribillo de una canción popular; “que va a llevar mi amor, mi cielo, mi papaito”, “¡Qué le doy!”; los que se escuchan claramente, con algunas variantes, dentro del bullicio de los mercados populares de las localidades, siempre acompañados de sonrisas; este hecho puede ser considerado, un derroche de afecto, resultando en una efectiva y gratuita terapia antiestrés, mejorando significativamente el estado de ánimo.
El jalapaneco se distingue por muchas cosas, las que son dignas de mencionar, entre ellas: no importa donde se encuentre, siempre es atento, con estilo propio, vea esta forma de despedirse: ¡va pue!
No se puede dejar a un lado para que se extingan a aquellas palabras que nos identifican, como lo es apéate, usada para invitar a alguien que se baje del pick-up, esta palabra originalmente se ha usado, para que lo haga, pero del caballo.
El valor dado a la palabra en los tratos, en los acuerdos y los ofrecimientos, que llevan implícito la verdad sin tapujos, no es más que confianza y honor, practicado por nuestros padres y abuelos; no hay razones en contra para que desaparezca de nuestra cultura, algo que es considerado muy valioso; solamente se pudiese tolerar, si este sirve como indicador de la proximidad o presencia de mentirosos, estafadores y mañosos; se recomienda ponerle mayor atención a aquellos que pretenden que la sociedad los elija para puestos en la administración pública o bien, a los que quieren mantenerse en ella; porque generalmente, se especializan en encantar a los incautos, faltar a la palabra, por andar en la trampa y la traición; no discriminan, de ahí su importancia, sus perversidades pudiese cubrir no solo una parte, sino a toda la sociedad.
Alerta: ¡vivos los queremos!
Jalapa es el sustento y el hogar, es el sustrato donde se ancla nuestras raíces.
II
El rango altitudinal, de los 2,063 kilómetros cuadrados de su territorio, se estima que es entre los 750 a 2,750 metros sobre el nivel del mar; dando aproximadamente 2,000 metros de diferencia entre la elevación mínima y la elevación de la cumbre más alta del departamento; este rango evita que se tenga en Jalapa, los climas más extremos de los existentes en el país; fuera de esos, se puede decir con poco margen de error, que en jalapa están representados todos los climas considerados benignos del territorio nacional; precisamente esa diversidad existente, es la que respalda la afirmación, hecho eslogan: “Jalapa, la morena climatológica de oriente”.
Las montañas, cumbres y lomas con sus diversas tonalidades de verdor, son indicadores también de los climas dentro de la diversidad existente en el territorio; los que contrastan con las rizadas y blanquecinas nubes que hacen embellecer aún más los encantadores poblados y los paisajes, acentuando las características de su ruralidad; en la que se siembra los bosques y los árboles frutales, se cría ganado y se cultivan los alimentos; dirigidos por hombres y mujeres con sombrero, que se trasladan, si no es en caballo, lo hacen en pick-up 4×4.
En el macizo orográfico, se localiza la parte más alta y frías del departamento, es usada su cumbre para el control aéreo del norte, del oriente y del sur del país, su recarga hídrica beneficia a por lo menos tres departamentos. Este macizo tiene dos nombres: por el lado occidental, frente a la cabecera municipal de Mataquezcuintla se le conoce como la montaña La Soledad y por el lado oriental, como cerro Miramundo, este último, es el área de recarga hídrica que abastece de agua, cuenca abajo, a la comunidad Santa María Xalapan, y a la cabecera departamental de Jalapa.
En esta parte, de la recarga hídrica del macizo orográfico, sobresalen las reservas naturales de las comunidades Ladinos Pardos y Buena Vista, hábitat del lagarto arbóreo endémico del cerro Miramundo, de nombre científico, Abronia meledona, especie en peligro de extinción, debido a la destrucción de su hábitat; además, es importante mencionar los atractivos naturales existentes, ícono del departamento, como son las seis cascadas: una en el río La Pilita y cinco en el río El Manzanal, las que se conocen como las Cascadas de Tatasirire; en sus alrededores y protegiendo los manantiales, ríos y las caídas de agua, se preservan remanentes de bosques nativos de latifoliadas, con enormes y bellos árboles centenarios. Estos ríos mencionados, La Pilita y El Manzanal, al unirse cuenca abajo, cruza por un costado la comunidad Santa María Xalapan, dándole origen al río que pasa bajo del Puente de Agua Caliente, en la ruta al Atlántico.
Dentro de la misma zona de recarga hídrica y paralelo a las cascadas de Tatasirire, fluye el río Los Cedros, dentro de la reserva natural del mismo nombre, en la comunidad Ladinos Pardos; por su importancia, se hace mención del atractivo natural El Chorro de los Cedros, que consiste en una caída de agua fría en una de las depresiones geológicas, dando lugar a la formación de una atractiva piscina natural; esta corriente le da origen, cuenca abajo, al río Jalapa y al atractivo natural Catarata de Urlanta. Este río Jalapa, después de rodear el casco urbano se dirige a San Pedro Pinula, después de pasar a un lado del legendario balneario Los Chorros, para continuar su recorrido hacia el litoral del Atlántico.
El territorio de Jalapa, es mayoritariamente quebrado; contrastando principalmente con sus valles, entre los que sobresalen: el valle de San Pedro Pinula, el de Monjas y el de Potrero Carrillo; en este último valle, la masa boscosa que lo rodea, es el hábitat de la lagartija endémica Abronia campbelli, esta es la otra especie del género Abronia en peligro crítico de extinción.
Las culturas presentes en el territorio del departamento de Jalapa, son: Xinca, mayoritariamente localizada en la comunidad Santa María Xalapan y Maya Pocomam, con mayor concentración en la comunidad La cumbre entre los municipios: San Pedro Pinula y San Luis Jilotepeque. Aunque estos pueblos están bien identificados, no se puede pasar por alto, el innegable proceso acelerado de ladinización o mestizaje que no se detiene, algo que no debe de sorprender, porque fortalece, aún más, la unión de las dos civilizaciones, la hispana y la americana, la que dan paso y terminará consolidando la nueva civilización, que es la civilización del hispanoamericano.
III
¡Oye Jalapa! El que ya te conoce y los que han escuchado de ti: quieren ver tus atractivos naturales y culturales; además, quieren comer de tus nutritivos frutos y beber de tus fuentes naturales que hidratan; que decís, limpiamos y ordenamos: las calles, parques y mercados, y por qué no aprovechamos también, para señalizar tus atractivos naturales y culturales, para así poder presumir, si se pudiera al mundo, que somos excelentes anfitriones.
Siempre habrá una invitación para visitar San Luis Jilotepeque; esta es parte de las tierras del frijol, especialmente del negro, lo comerán parados, cocidos en olla de barro, acompañado de un muñeco de galanas tortillas hechas en las típicas piedras de moler, talladas en las canteras de la localidad y tomar, agua fresca de manantial, conservadas en cántaros de barro de color rojo óxido, hechos en sus alfarerías. Podrá admirar las casas de antaño, delicadamente conservadas, con sus calles y avenidas empedradas.
Si se desea un paseo cerca de la cabecera departamental, se recomienda el casco urbano del municipio de San Pedro Pinula, con sus casas que mantienen el estilo clásico de los tatarabuelos; sin olvidarse del chapuzón reglamentario en Los Chorros, antes de retornar, han de degustar la diversidad de lácteos de su producción artesanal, pero especialmente, la reconocida mantequilla de costal con una palanganada de tortillas, eso sí, tostadas a las brazas.
A semejante distancia, se localiza Monjas, con sus calles y avenidas extraordinarias, con trazos fuera de lo común, es seguro que fue pensado para que fuera una ciudad única y diferente; en su estancia a de disfrutar un enorme elote dulce, cocido, de su producción y sin olvidar la gallina criolla asada a las brazas, con su respectivo caldo, mejor será, si esta se sirve en el relajante balneario Agua Tibia.
Al ir a Mataquescuintla, es seguro que querrás regresar pronto, ese café de alta calidad que produce, reconocido internacional y frecuentemente premiado, demuestra que está producido no solo para consumirlo localmente, sino para el planeta; este se ha de servir en pocillos, mejor si es de los grandes; es seguro, que te preguntarás por dentro, ¿habrá para llevar? Es oportuno conocer el cerro Santiago en el macizo orográfico La Soledad con vista impresionante, en donde se practica vuelos con parapentes y desde hace mucho se ha instalado un radar para el control aéreo.
La suerte siempre está echada, cuando se llega a San Manuel Chaparrón, te llevarán directamente a los corrales para tomar leche al pie de la vaca, de la teta al vaso, sin o con azúcar, o panela; es importante que se advierta, que no hay chance para los gustos, olvídese de la descremada y la deslactosada. La cima más alta se localiza en el cerro El Carrizal, por lo que facilita realizar observaciones profundas en el horizonte; en este accidente geográfico, dado a la existencia de material eruptivo y los retumbos esporádicos, se podría reclasificar de cerro a volcán.
Te espera las caminatas en San Carlos Alzatate, en las veredas de las colinas compuestas de cerros con diferentes dificultades; estas dificultades, también están presentes en las calles pavimentadas del área urbana, al caminarlas sin detenerse, es equivalente a la rutina diaria de un gimnasio; por su grado de dificultad, se podría presumir como una verdadera aventura.
Por último, Jalapa cabecera, la que se localiza a 96 kilómetros de la ciudad capital vía Sanarate y a 168 kilómetros vía Jutiapa – Santa Rosa, es la más importante y centro de la administración pública del departamento, está rodeada de colinas, entre ellas, el cerro Alcoba con sus llamativas y distintivas letras gigantes y su imponente torneado volcán Jumay; no se debe de olvidar el imperativo paseo en el Parque Central en donde se podrá retratar a la par del sorprendente árbol petrificado, símbolo de la deseada unidad de sus habitantes. Siempre, se ha recomendado, que el desayuno incluya la inconfundible quesadilla jalapaneca y en el almuerzo, la igualmente inconfundible gallina criolla en crema con loroco.
Jalapa sigue bella y de clima templado, a pesar de que le han quitado el verdor de las colinas; pero se extraña las mañanas nubosas de antaño, prácticamente se han extinguido, por la misma razón; algo semejante a esto está ocurriendo con el río Jalapa; en las épocas secas las aguas han dejado de correr, la poca agua se empoza ya contaminada. Ya no es como en el pasado, los patojos se le veían nadando y pescando abajo del viejo pero fuerte y prácticamente indestructible, Puente Chipilapa.
IV
La basura, aunque no es para morirse, pero enferma; erróneamente se ha aceptado como parte del entorno, al grado que algunos no se dan cuenta de su existencia; esto podría cambiar, cuando nazca la conciencia, al darnos cuenta de que no es estético ni salubre, hasta entonces vendrá el cambio, por haber relevado los hábitos personales indeseables, y porque se ha entendido que “la basura tiene dueño, es del que la produce”; que tal, si se incentiva la instalación de basureros en las calles y avenidas y en lugares públicos, sería un buen emprendimiento; mejor será aún, si se abren sanitarios públicos.
A los países desarrollados se les señala de contaminar el planeta, nada lejos de la verdad, pero sus ciudades son extremadamente limpias, hagamos esto último, es altamente factible, para empezar hay que entender el problema y cambiar los hábitos individuales; ese mismo ímpetu, podría aprovecharse para plantar árboles en las calles, terrenos baldíos, barrancos y cerros; solo con escucharnos se motivarán otros, el resto vendrán después, terminarán siguiendo el ejemplo. Todos tenemos la obligación y el deber, esta tierra es Jalapa, nosotros somos los jalapanecos que la habitamos, si estamos lejos, es seguro que será temporal.
A pesar de que Jalapa da sin condiciones, su belleza nadie se la dio aquí en la tierra, la tiene desde siempre, así fue creada por el Creador para nosotros; pero tenemos la obligación moral de cuidarla, y con ella, a todos los que en ella viven y los que estén con nosotros temporalmente.
Jalapa está presente en la memoria, con los recuerdos que van desde momentos de tristeza y llanto, lo que no se reniega, porque son pruebas que enseñan y nos demuestran que estamos vivos, precisamente de eso está hecha la vida; de la misma forma, no se presume de las frecuentes y abundantes satisfacciones, alegrías y rizas en el proceso del cumplimiento de las metas, para alcanzar ese propósito que le da sentido a la vida.

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