MI VIDA EN NUEVA YORK

Escribe: Byron Mural

El sol se esconde pronto entre los rascacielos nuyorkinos, aquí la vida corre, todo es una locura, llego a mi apartamento, tiro los zapatos y lo único que quiero es dormir, pero no podré, hay un montón de ropa esperándome en el rincón, ha sobrepasado la canasta destinada para recibirla, tengo hambre y mi mamá no está aquí para cocinarme, no la extraño por eso, la extraño por todo lo que conlleva estar tan lejos de casa, estoy molido, ha sido un día cansado, los músculos parecen un nudo que me duele cada vez que se estiran.

Por mi ventana se cuela un olor a comida recién echa, si, es mi vecino, está haciendo una carne asada en el jardín, escucho la risa, su música estruendosa y hasta aquí escucho las cervezas chocar unas con otras en un brindis sin parar, no los conozco y llevamos seis años de ser vecinos, solo sé que son de Puerto Rico, su acento los delata, eso y la enorme bandera de su amada isla, suspiro de nuevo y me pongo de pie, clasifico la ropa y la llevo hasta la lavandería que está en el sótano.

¡A la vida! Olvidé traer Coras (Cuarter dollar).

Atento con el tiempo, cocino un huevo revuelto, frijoles y queso, pongo un poco de música, si, que irónico, quiero escuchar marimba, en Guatemala jamás lo hacía, pero aquí, esa música me acerca a los paisajes que tanto extraño, es más que música, es un pasaje gratis a mi país, es volver a mi aldea, a mi pueblo empedrado, al olor a tierra mojada, es volver.

Nunca como chucherías en la calle, pero aquí extraño las tostadas de la señora del parque, aquí puedo comprar de todo, pero no puedo comprar el sabor de la comida de mi  país, aquí todo es imitación, tras lavar la ropa, cenar, me desestreso un rato hablando con mis amigos, con mi madre, ya mi vieja puede usar whatsApp, así que le envío audios y ella me responde al instante, no la llamo porque ella sabe que odio las llamadas, pero de vez en cuando enciendo mi cámara para que me vea, dice ella que estoy muy guapo, ella siempre miente, soy su hijo.

Me baño para relajarme y me echo a dormir, he dejado mi alarma para que suene a las seis de la tarde, entro a trabajar en el turno de la noche a las siete, regreso a casa por la madrugada, siempre la misma rutina, los años han pasado y extraño más que nunca mi tierra, las canciones, los perfumes y los videos son lo único que me mantienen conectado a lo que tanto amo. Ya construí mi casa, casa que quizá nunca ocupe, tengo un carro aquí y un carro allá, pero no creo volver pronto, eso es un circulo que no se cierra, pongo fecha de ida y jamás me voy, estoy que me voy desde hace tres años, allá la cosa está jodida y cada día se pone peor, por eso tengo que hacerle pesas aquí y vivir en un país en exceso racista, ya de eso ni acordarme quiero. 

Algún día volveré, siempre digo lo mismo, espero la muerte no venga por mí en esta tierra tan lejos de la mía, mientras se ve que va a pasar conmigo, cierro los ojos y me quedo dormido, mañana será la misma historia de siempre.