EL DILEMA DEL AÑO

Escribe: Byron Mural

Vamos en picada al cierre del ciclo escolar, uno de los más atípicos de todos los tiempos, en enero las cosas iniciaron como siempre, con clases presenciales, sin imaginar que podrían seguir estudiando solo los más ricos, y cuando digo: “Los más ricos” me refiero a los que tienen acceso a internet, a un celular o una computadora, pues los más pobres, ya perdieron un año más de estudio. O por ironías de la vida, quizá sean ellos los que terminen ganando, más delante explico por qué.

Mientras esta pandemia nos encerraba en casa, los estudiantes fueron los primeros en dejar las aulas y recibir clases virtuales. Hablando con muchos maestros, amigos míos,  concluyen que los alumnos no están aprendiendo lo que deberían y que en honor a la verdad, este año estudiantil debería darse por reprobado. Pero los padres enardecerían solo de pensar que su hijo o hija va a repetir por culpa de una pandemia, aunque éste no aprenda absolutamente nada. Sí, es la realidad de nuestra Guatemala, se toma el estudio como una competencia, competencia de números, de avanzar, pero no de aprender, los padres quieren un diploma o un certificado de “Aprobado” aunque el estudiante no tenga ni la más remota idea de lo que se le impartió en las clases virtuales.

Es por este motivo que llegamos al dilema del año, ¿ganar por decreto, aunque no sepan ni donde están parados? O ¿Repetir el año y reforzar lo  aprendido en clases virtuales?

¡Ni pensarlo! Los padres jamás permitirían que sus adorables hijos pierdan un año, eh aquí donde los perdedores salen ganando, es decir, los que reprueben el año porque no pudieron ir a clases presenciales, ganarán, y ganarán en sabiduría, tendrán que reforzar lo poco que aprendieron en los primeros meses del año y al final, al final en esta vida, un título o un diploma no sirve para nada si no aprendiste algo, la vida es mucho más difícil si todo te lo sirven en bandeja de plata mientras estudias, y, los que tenemos dificultades cuando estudiamos, la vida se nos hace un poco más sencilla, porque no hay más aprendizaje que los golpes despiadados de la vida.